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“Los sordos somos invisibles”

Juan Luis Marín, director escuela Dr. Jorge Otte Gabler.

Todos en su familia son sordos. Juan Luis Marín Claro, (profesor de educación básica y cursando un magister en lingüística), nació en una familia de padres artistas, en dónde junto a su única hermana crearon un particular universo interior. En la intimidad de su hogar, Juan Luis se sentía a sus anchas y aunque la familia extendida no los consideraba mucho, los Marín Claro fueron formando sus propias redes en donde se sentían comprendidos. Otras personas sordas se transformaron en sus “tías” y “primos”. Porque sin quererlo para la familia sanguínea fueron una especia de “oveja negra” con la que la comunicación era extremadamente difícil.

Juan Luis, quien jamás pensó en ser profesor y  hoy es director de la Escuela para sordos  Dr. Jorge Otte Gabler (www.institutodelasordera.cl), contesta esta entrevista vía zoom junto a su intérprete Ignacia. Se conocen hace años, pero ella no adelanta ninguna respuesta del entrevistado siendo fiel a sus tiempos, como si lo viera por primera vez.

Cuando comienzan las preguntas comenta que “le cuesta hablar de su vida personal”.  Está casado y tiene dos hijos grandes, con los que disfruta viendo películas en familia. Todos son oyentes y con naturalidad cuenta que sus hijos manejan la lengua de señas como cualquier niño bilingüe que habla dos idiomas.  Juan Luis también tiene una mirada clara de la actualidad; va por una nueva constitución  “en donde los privados dejen de ignorar a la comunidad sorda, como en la televisión por ejemplo”.

“La gente se asusta en la calle cuando les hablo”

¿Cómo fue crecer hace más de 40 años en una familia de sordos, cuando ser distinto era aún más difícil que hoy?

Cuando salíamos se presentaban las dificultades, en situaciones muy cotidianas como ir al doctor o al banco. La accesibilidad antes era mucho peor que ahora. Mi papá escuchaba escasamente con audífonos y él era el que podía comunicarse un poquito más con los oyentes. En mi caso era distinto porque soy sordo profundo. Uno lamentablemente tiene normalizada la discriminación porque simplemente era así. No me lo cuestionaba.

¿En qué actitudes percibes esa  discriminación?

Los sordos somos invisibles. A una persona ciega  las ves con su bastón o alguien que no puede caminar en su silla, en cambio los sordos no nos vemos diferentes. Cuando hago una pregunta en la calle la gente se asusta y  siento una distancia. Ahí se genera un desencuentro que amplía más esa brecha. Incluso a veces creen que tengo un problema intelectual. Sería más amable si me miraran como si yo fuese de otro país y que simplemente hablo otro idioma. La clave está en la disposición de querer comunicarnos.

Primero te educaste en una escuela para sordos y luego acudiste a un colegio con inclusión ¿Cómo fue esa experiencia?

Todos mis compañeros eran oyentes y yo estaba muy asustado. Pero mi papá fue fundamental, él me explicó como vivir ese nuevo desafío. La inclusión es muy difícil por las barreras de la comunicación y por las burlas. También es muy importante que las personas sordas desde muy chicas entiendan el comportamiento de las personas oyentes. En el colegio me enseñaron a leer y escribir, pero nunca me educaron para relacionarme con otros.

 Juan Luis no se sintió discriminado por sus compañeros. La mayoría estaban interesados en aprender la lengua de señas e incluso él mismo le enseñó hasta “algunos garabatos”. El profesor relata que en el deporte sentía que podía vincularse en igualdad “específicamente en el fútbol”, pero que en las reuniones sociales las distancias se hacían muy evidentes.

“Los sordos podemos llevar una buena vida”

Aunque pensaba en ser arquitecto, la vida lo fue llevando a la docencia. Comenzó ayudando a los mismos alumnos de la escuela de la cuál hoy es director y en la institución los animaron a que estudiara. Ingresó a la Universidad de Los Lagos e inició una verdadera hazaña para lograr convertirse en profesor. En esa época, las personas sordas no contaban con apoyo ni del Estado ni de las universidades para poder aprender. Cada uno debía conseguir un intérprete con disponibilidad y luego financiarlo.  “A veces tenía que pedirles a amigos intérpretes que me acompañaran o simplemente muchas veces no había nadie y los compañeros tenían que ayudarme,  fue mucho esfuerzo”.  A partir del 2008 comenzó el financiamiento de intérpretes en las universidades, pero con desazón comenta que al ser un concurso “se transformó en una verdadera competencia”. Actualmente hay una ley que obliga a las universidades a tener intérpretes, pero  es claro en señalar que muy pocos planteles cumplen con dicha normativa lo que perpetúa las desigualdades y la frustración.

¿Cómo ha sido dirigir un Colegio?  Considerando que muchas de las familias son oyentes, que asumiste post estallido social y con una pandemia mundial…

Uff… muy difícil por la cantidad de cosas nuevas. Ha sido un proceso de tomar decisiones en conjunto. Trato de ser muy empático y acompañar a las familias en este camino de aceptación de un hijo distinto. Además en muchos hogares no sólo está la sordera de un hijo, también existen situaciones de pobreza o vulnerabilidad.  Entonces hemos apoyado desde la entrega de alimentos hasta conseguir dispositivos para que todos puedan seguir aprendiendo y vinculándose.

Cuando nace un hijo sordo ¿cuál es el mayor desafío que enfrenta una familia?

Lo primero que se preguntan los padres es ¿qué hago? Lo llevan a un médico quien les plantea un futuro difícil porque ese doctor sólo ve el oído. Los padres terminan mirando únicamente la discapacidad en ese niño y no los múltiples caminos en que su hijo se puede desarrollar. Y el problema es que mirarlo solo desde su sordera, borra al niño y la familia pone todos sus esfuerzos en igualarlo a una persona oyente. Es muy importante que los padres se informen,  conversen con familiares de sordos y se den cuenta que los sordos podemos llevar una buena vida.

¿Cómo ha llevado la comunidad sorda el tema de la pandemia?

Las dificultades para nosotros vienen mucho antes del COVID, lo que pasa es que hoy son mucho más evidentes. Si antes era difícil, ahora es peor porque casi ningún servicio básico maneja el lenguaje de señas. La información médica la mayoría de las veces las entregan por escrito y las personas sordas tienen dificultades en las habilidades lectoras .Y para nuestros alumnos el no poder vincularse con sus pares ha sido muy duro… hoy es prioritario que sus familias aprendan lenguaje de señas para no aislarlos más aún.

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