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Pornografía y cuarentena: “A los padres les falta formación”

«El cerebro de un asiduo a la pornografía es similar al de un adicto al alcohol o las drogas

María Contreras, sicóloga y experta en esa adicción

La industria pornográfica es una de las pocas en el mundo que saca cuentas alegres en medio de la pandemia. En España el consumo aumentó un 60% y en marzo Pornhub -el sitio pornográfico más visitado del mundo- dio acceso gratuito a su contenido premium. En 48 horas las visitas aumentaron un 25%, lo que significó la atracción de miles de clientes nuevos que al segundo mes comenzaron a recibir una facturación para poder continuar accediendo a la plataforma, donde incluso hay títulos sugerentes en referencia al COVID 19.

Según www.daleunavuelta.org (plataforma online que difunde información sobre la pornografía y su consumo) los 11 años es la edad promedio de inicio de consumo del porno, y el 81% de los jóvenes entre 13 y 18 años declara haber observado porno como una conducta habitual.

¿Cuál es el efectos en los adolescentes?, ¿cómo lidiar con el tema con sus hijos? ¿cuánto nos debe preocupar una industria que está a sólo un clic?

María Contreras, sicóloga y sexóloga española, actualmente cursa un doctorado en adicción a la pornografía. Desde hace siete años comenzó a ver una nueva demanda en salud mental y a recibir cada día más pacientes con una conducta sexual fuera de control. “Vi que había una necesidad social, que había poca gente involucrada en el tema y lo tomé como una responsabilidad personal”, cuenta.

¿Cuál es el impacto en el cerebro de un adolescente?

En el porno, los cuerpos y respuestas sexuales que se presentan son versiones exageradas y no ajustadas a la realidad y eso obviamente tiene un fuerte impacto en el cerebro. La dopamina provoca placer y se libera cuando se consume pornografía. Esto hace que el cerebro responda a un cambio químico y que envíe señales para repetir el comportamiento y tener otra vez esas dosis de placer. El problema es que los niveles de dopamina que generaba al principio ya no le “sacian” por lo que necesita más cantidad para calmar “esa hambre”. Para ello necesita un material más extremo.

¿Puede provocar adicción?

Claro que sí, el cerebro de un asiduo a la pornografía es similar al de un adicto al alcohol o las drogas. Por lo que no es menor a lo que se enfrenta un adolescente cuando comienza a ver de manera habitual contenidos de este tipo. Puede involucrarse en conductas sexuales de riesgo, en el caso de los hombres visualizar a la mujer como un objeto, dificultad en las habilidades para seducir o mantener una pareja e incluso realizar agresiones sexuales. Un estudio realizado en la Universidad de Arkansas confirmó que el 93% de los vídeos pornográficos en la red eran de contenido violento y mostraban agresiones y, en un 70% las realizan el hombre.

Hablar con los hijos:

Muchos padres tal vez ni imaginan qué ven sus hijos en las redes y las posibilidades de limitar el contenido en cuarentena son más difíciles ¿qué hacer?

A los padres les falta formación. Que es distinto del acceso a la información, a la exposición al sexo o a las actividades sexuales. Es fundamental que estudien el tema porque ellos son los primeros y más importantes educadores en esta materia. Además que la pornografía a la que ellos estaban expuestos, la del quiosco, era más difícil de conseguir y mucho más “suave”.

A veces los padres sienten vergüenza o miedo al abordar estos temas con sus hijos…

¡Y eso también pueden decírselos! “Me dar pudor hablar de esto” es una muy buena manera de abrir conversaciones enriquecedoras. Ser muy sinceros y claros, saber integrar la fisiología con la moral, las creencias con la libertad, lo posible con lo bueno… es un gran desafío. Es importante que sean abiertos, que hablen en positivo y que dejen siempre los canales de comunicación disponibles. La educación sexual es una educación valórica, en dónde hago sentir al otro valioso, sé decir que no y acepto un no, conozco mis límites y soy capaz de vivir mi sexualidad sin ser esclavos de los estereotipos. No es pura genitalidad.

¿Qué hacer cuando se descubre a un hijo/a viendo pornografía?

No es fácil… pero hay varias posibilidades de respuesta, desde no interrumpir a los niños, hacerse el sordo hasta escandalizarse y retar. Los sermones, la ley del hielo o hacer sentir que tu hijo te ha decepcionados, destruirá la conexión que tanto te ha costado construir. Por lo que es importante que seamos muy firmes, pero también muy afectuosos. Que nombremos de modo preciso la conducta que el hijo vio y que establezcamos límites explicando por qué no es sano exponerse a estos contenidos.

¿Cuándo hay que encender las alarmas y preocuparse?

Cuando tu hijo deja de hacer deporte, baja sus notas, abandona su vida social y pasa mucho tiempo encerrado en su pieza o en el baño, hay que poner atención. Si luego que lo descubriste ves que comienza a borrar el historial de navegación por temor a ser nuevamente “pillado” o encontraste búsqueda de contenidos relacionados a pedofilia o perversiones sexuales hay que hacerse cargo. También si normaliza la pornografía y cree que el sexo real es así, la conversación profunda y afectuosa será insuficiente y tendrás que recurrir a un especialista. El sexo no puede seguir siendo un tema tabú, de lo contrario nuestros jóvenes seguirán recurriendo a ella para “aprender” a un costo altísimo para su salud mental y emocional.

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