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Grandes mentiras que nos dijeron nuestros padres

La verdad es una virtud fundamental que toda familia medianamente cuerda les enseña a sus hijos. “Es muy feo mentir Juanito”, “si me dices la verdad prometo no enojarme”, “se pilla a un mentiroso antes que a un ladrón” son frases más antiguas que el hilo negro y que obviamente consideramos importantes en la formación de los hombres y mujeres del mañana.

Pero ¿nos hemos sentado a pensar cuánto nos mintieron nuestros papás cuando medíamos menos de un metro y la única cuenta que teníamos que pagar era la del kiosco del colegio?

Aquí haremos justicia y revelaremos esas grandes mentiras que sin asco nos dijeron:

Piscinas y calambres

38 grados de temperatura, te invitaron a una casa con piscina, lo que para ti es un lujo asiático y, cuando estás metiendo tu pie en la orilla, se escucha desde lejos un fuerte y claro «¡¡Noooooo!! Sal de ahí, tienes que esperar 2 horas después de almuerzo para poder bañarte o te puede dar un calambre”.Y ahí estás tú, más deprimido que Jadue vitrineando en el Duty Free, soportando con valentía la ola de calor y odiando a esa mujer que supuestamente es la que más te quiere más en el mundo: tu madre.

Estuve leyendo y aunque no se recomienda el baño después de una comida pesada, no hay estudios concluyentes que lo relacionen con calambres e incluso hay deportistas de alto rendimiento que comen mientras tienen una carrera de natación exigente. Mi teoría: este fue un GRAN invento de nuestros padres para tener una sobremesa sin tener que preocuparse del cabrerío o poder dormir una siesta a pata suelta.

Si te tragas un chicle se te pegarán los intestinos

Ya comer chicle a cierta edad es bien revolucionario. Y cuando ese permiso es concedido, parte la psicopatía de nuestros progenitores por evitar que nos traguemos la famosa goma de mascar. Una verdadera obsesión, un TOC incontrolable. Bueno niños… les quiero decir que probablemente tragarse chicles no es una práctica muy saludable, pero me he tragado más de 30 en mi vida y acá sigo fuerte y robusta (y vaya que robusta) como un roble. Tampoco te demorarás siete años en digerirlo como muchos creen. Obviamente no es bueno tragárselos y hay ocasiones en los que ha habido casos serios de constipación. Pero si por esas casualidades te tragaste un pedacito: tranquilo, tu nombre no aparecerá mañana en el obituario.

Ver tele de cerca es malo para la vista

Si hay algo propio de la infancia es la incapacidad de ver televisión a una distancia criteriosa. Al parecer, la idea es ver hasta el poro abierto de Peppa Pig y la legaña que tiene Ana de Frozen al despertar. Hoy tal vez es menos frecuente gracias a la irrupción de las gigantescas pantallas LED, pero en nuestra tierna infancia esas teles de dos toneladas eran un verdadero imán para los más chicos. Según la Academia Americana de Oftalmología el mirar la “caja idiota” desde cerca no es peligroso : “los niños pueden enfocar de cerca sin desarrollar cansancio ocular mejor que los adultos, de ahí que a menudo adquieran el hábito de colocarse cerca del televisor o de sostener lo que están leyendo cerca de los ojos. De todos modos, el hecho de que una persona se ponga muy cerca del televisor puede indicar que es miope”. (Fuente: Kids Health)

Así es que lleve al oculista a su hijo si se pega a la TV, tal vez está con problemas de visión. Pero si sale todo ok, déjelo analizar la pieza dental 24 de Violetta. Es parte de la niñez y ya pasará. Más importante es que no lo tenga todo el día viendo monitos para distraerlo.

«Te queda súper bien»

Estás en esa tierna edad de la pubertad. El cuerpo NO es armonioso, tu cara se está tratando de ordenar como un tetris, acné y tú aparecen juntos en el diccionario de sinónimos y tienes toda la ferretería del barrio adentro de tu boca tratando de componer tu dentadura. Se viene tu primera fiesta de 15 en dónde, por muchos esfuerzos que hagas, la adolescencia es tu peor enemiga. Con ese vestido que te compraron tienes menos cintura que un calefón o con ese terno beige que eligió tu papá ya estás listo para vender barquillos en el verano. TODO MAL.

Pero las cartas ya están echadas y tus papás lo saben: “Te juro que te ves muy bien” dice tu papá cruzando los dedos “Vas a ser la más bonita de la fiesta” afirma tu mamá pidiendo perdón al cielo por tamaña mentira. Pero bueno, esa mentira la diríamos todos y ni siquiera es necesaria la confesión para ganar el perdón. Es casi un acto humanitario frente a la normal y obligatoria fealdad de los púberes. Más que mentira, eso se llama misericordia.

Si no te apuras, me voy sin ti

Acá, aparte de mentira, hay verdadera maldad. Los cabros están gozando en Fantasilandia, tirándose por todo los toboganes, mareados como pollos en la tacitas, comiendo churros más aceitosos que bronceador de los ’90… ¿y tú? Ya estás verdaderamente chato y sueñas en cámara lenta con ese glorioso momento en que te meterás a tu cama a ver la última temporada de tu serie favorita. La prole no te obedece y recurres a este terrible cliché sin cargo de conciencia. Agarras tus cosas y comienzas a caminar con rapidez entre la multitud gritando: “¡Me voy ahora, el que no se viene conmigo se queda acá SOLO!”. Imaginación infantil corriendo a toda velocidad, pensando que serán criados por los dueños de la Mansión Tenebrosa y que tendrán que bañarse en la montaña rusa Splash. Terror y desolación. ¿Resultado de la mentira? Niños camino a la casa en menos de un minuto.

El dicho es eficiente, pero más traumático que encontrarse con Marylin Manson a las 12 de la noche en una calle deshabitada. ¿Mi conclusión? Esa mentira se debería penalizar con años de cárcel y una operación con el cirujano de la Tigresa del Oriente.

¿Qué mentira te dijeron a ti?

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